Nutrición y salud de la piel

La piel actúa como barrera que se opone a las pérdidas hidroproteicas, manteniendo el medio interno y constituye la primera línea de defensa para proteger nuestro organismo contra perturbaciones externas, incluida la radiación ultravioleta (UV), el daño mecánico/químico y las infecciones bacterianas. La nutrición es uno de los muchos factores necesarios para el mantenimiento de la salud general de la piel. Cuando hablamos de nutrición, nos referimos al proceso por el cual el organismo ingiere, digiere, absorbe, transporta, utiliza y excreta las sustancias alimenticias, lo que permite el crecimiento, mantenimiento y reparación del organismo. Un estado nutricional deteriorado altera la integridad estructural y la función biológica de la piel. El estado nutricional, que depende tanto de macro como de micronutrientes, es vital para la salud de la piel. En especial, la importancia de los micronutrientes, como ciertas vitaminas y minerales, para la salud de la piel se han destacado en cultivos celulares, animales y estudios clínicos. Estos micronutrientes se emplean no sólo como compuestos activos en agentes terapéuticos para el tratamiento de determinadas enfermedades de la piel, sino también como ingredientes activos en productos cosméticos. Es sabido, que la vitamina A y sus derivados, por ejemplo, retinoides y carotenoides, desempeñan un papel importante en la regulación del crecimiento y la diferenciación de muchos tipos de células dentro de la piel y su deficiencia conduce a una queratinización epitelial anormal. Los retinoides se encuentran principalmente en fuentes animales, mientras que los carotenoides, se encuentran en productos vegetales. Si bien se cree que los efectos beneficiosos de los carotenoides se deben a su función como antioxidantes, primero es necesario convertirlos en formas retinoides para proporcionar funcionalidades fisiológicas en la piel. Se ha demostrado que los retinoides mejoran la producción de componentes de la matriz extracelular como el colágeno tipo I y la fibronectina, aumentando la proliferación de queratinocitos y fibroblastos y disminuyendo los niveles de enzimas, las metaloproteinasas, degradantes de la matriz. Se han utilizado como agentes terapéuticos para numerosas enfermedades de la piel, desde la psoriasis, hasta el acné y las arrugas. En particular, el ácido todo-trans-retinoico tópico es un tratamiento seguro y eficaz para el acné leve a moderado, mientras que el ácido 13-cisretinoico oral (isotretinoína) se utiliza para tratar el acné grave resistente a las terapias tópicas. Su deficiencia se asocia con un retraso en la cicatrización de heridas. Sin embargo, el tratamiento tópico/oral prolongado con vitamina A puede causar efectos secundarios no deseados, como dermatitis por retinoides que se caracteriza por eritema, sequedad, descamación, prurito y grados variables de irritación. El ácido ascórbico o vitamina C es un antioxidante hidrosoluble, que se encuentra en animales y plantas. No puede ser sintetizado por los seres humanos y debe ser obtenido de la dieta. Suprime significativamente la producción de radicales libres provocada por la radiación ultravioleta, protegiendo las células del estrés oxidativo. Es un cofactor necesario para la hidroxilación del procolágeno, su déficit conlleva una alteración en la reparación tisular y la dehiscencia de heridas. En estudios de eficacia en la piel humana, la vitamina C aumentó significativamente el contenido de humedad epidérmica, mejorando la hidratación de la piel. El papel esencial del ácido ascórbico en la síntesis de colágeno, junto a sus propiedades antioxidantes, ha marcado la pauta para la inclusión de la vitamina C o sus derivados en la formulación de diversos productos cosméticos. La vitamina D se sintetiza en la piel humana después de la irradiación UVB. Estimula la defensa antimicrobiana y podría modular la inflamación, la angiogénesis y la cicatrización de heridas. Además, la vitamina D parece estar implicada en la dermatitis atópica. La vitamina E es un antioxidante soluble en lípidos, que modula los daños de los radicales libres en la piel por la exposición a la radiación UV e inhibe significativamente la degradación del colágeno. Además, la vitamina E podría regular negativamente las características de la inflamación de la piel; es decir, atenuar la producción de prostaglandinas inflamatorias, citocinas proinflamatorias, ciclooxigenasa-2 y NADPH oxidasa, un grupo de proteínas y enzimas, que actúan fundamentalmente como reguladores de las respuestas inflamatoria, lo que sugiere el uso de vitamina E como agente antiinflamatorio en piel. Los minerales, incluidos el zinc, el cobre y el selenio también desempeñan un papel importante en el mantenimiento de la salud de la piel. El zinc protege la piel contra el fotodaño al absorber la radiación UV, limitando la penetración de la radiación en la piel. El tratamiento conjunto con zinc y vitamina C exhibe actividad antimicrobiana que ayuda a eliminar las bacterias del acné . Al igual que el zinc y las vitaminas C y E, el cobre con péptidos también sirve como antioxidante, protegiendo la piel del daño causado por un aumento en los niveles de radicales libres inducido por la luz ultravioleta. Además, se sabe que el cobre estimula la maduración del colágeno, por lo que es fundamental para mejorar la elasticidad y el grosor de la piel. Por último, el selenio protege la piel del estrés oxidativo inducido por la irradiación UV al estimular las actividades de las enzimas antioxidantes dependientes del selenio, la glutatión peroxidasa y la tiorredoxina reductasa, que están presentes en la membrana plasmática de los queratinocitos epidérmicos.
Téc. Clga. Univ. Alejandra Bermejo
Docente Universidad de Buenos Aires
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